Más EMPATÍA, más COMPASIÓN y menos JUICIO

Más EMPATÍA, más  COMPASIÓN  y menos JUICIO

Con este relato, y tras un parón,  vuelvo a conectar con vosotros, dejándoos  una reflexión sobre esta historia que pone de manifiesto la necesidad de empatizar.

“En la antigua Roma había un senador llamado Casio  que era duramente criticado a sus espaldas por otros senadores, los cuales, no obstante, se presentaban ante él como sus “amigos”.

La razón por la que Casio -un hombre que siempre había destacado por su sabiduría y prudencia- era ahora tan vituperado radicaba en el hecho de que se acababa de divorcia de Elena. Su esposa no era en absoluto cualquier persona, ya se le consideraba la mujer más bella de roma  y además, una de las más ricas.

Por si esto fuera poco, Elena le había dado el senador un hijo varón que, sin duda, seguiría los pasos de su padre. Nadie entendía cómo alguien aparentemente tan inteligente como Casio podía haber cometido semejante torpeza al separarse de aquella mujer por la que suspiraban tantos romanos.

Un día, tres de los senadores más críticos con Casio estaban charlando animadamente en unas de las callejuelas de Roma. Los hombres se divertían haciendo comentarios jocosos acerca del senador al que antaño veían como sabio y que, sin embargo, ahora tan solo les parecía un completo estúpido.  Estaban los tres tan absortos en su conversación que no se percataron de que Casio, que casualmente estaba dando un paseo por allí y que había visto de lejos a su tres “amigos” se acercaba a saludarles.

Llevado por la prudencia al parecerle que los senadores hablaban de algo reservado, Casio se aproximó con cierto sigilo para no interrumpir su charla. Ante su sorpresa, escuchó los comentarios tan duros que habían acerca de él aquellos a los que hasta entonces había considerado unos buenos amigos.

De repente, uno de los tres senadores advirtió la presencia de Casio y, pensando que sin duda este había escuchado gran parte de la conversación, hizo lo que pudo para salir del paso.

En un intento por alertar a sus otros compañeros y haciendo frente a tan embarazosa situación, se apresuro a tomar la palabra.

-Senador Casio, que alegría verte, ¿por qué no nos has avisado de que estaba aquí?

-¿De qué habláis preguntó Casio?

Incapaz de negar la evidencia, el senador interpelado se excusó como pudo:

-Estimado amigo, has de comprender nuestra sorpresa y confusión al enterarnos de tu reciente divorcio de la bella Elena. No conseguimos entender cómo alguien tan juicioso y prudente como tú ha podido hacer semejante cosa.

Casio no respondió, simplemente se agachó, se quitó una de las sandalias y se la entregó al senador con el que estaba manteniendo la conversación, mientras los otros dos senadores contemplaban la escena en el más completo e incómodo de los silencios.

-¿Para qué me das tu sandalia, Casio?

-Tú simplemente dime qué te parece.

El confuso senador observó aquella sandalia que Casio le había entregado y pasando sus dedos por ella noto que la piel con la que estaba fabricada era de una suavidad superior a todas las pieles de calzado que él hasta entonces había conocido.

-La piel sin duda, es magnífica, de una suavidad extraordinaria. Además la hebilla de oro tiene un trabajo tan delicado que es la primer vez que veo algo tan esmerado y perfecto. Desde luego, esta es la mejor y más bella sandalia se puede conseguir en todo el imperio romano.

-Si es así- contesto Casio-, ¿puedes tú o cualquiera de vosotros mis amigos decirme en que punto me molesta al andar?”.

Nos movemos en un mundo movido por los apegos y las aversiones, utilizando el juicio como arma, un juicio que es el resultado de un condicionamiento previo adquirido por las experiencias y vivencias individuales que en función de cómo se hayan interpretado nos pueden hacer vivir un fracaso como frustración o como un aprendizaje de superación.

Cuando nos encontramos condicionados, imponemos juicios a todo y a todos, dejando fuera de nuestras vidas la empatía y la compasión.

Precisamente empatía y compasión es lo que más necesitamos en este mundo. Con ambas actitudes podemos llegar a entender el sufrimiento de otras personas y sentirnos movidos por hacer algo para atenuarlo, y con ello provocar un cambio en positivo. Esto no quiere decir que no se pueda ser duro con una conducta, se puede ser sin tener que humillar, despreciar, avergonzar o atacar a quien hace algo con lo que no estemos de acuerdo.

Empatizar nos lleva a comprender el mundo en el que está envuelto el otro ser humano, la manera en que pueda percibir las cosa y como se siente ante dicha percepción. Para ello necesitamos ser humildes  para escuchar al otro, con interés, con calma, sin tener que controlar o imponer lo nuestro; para conseguir esto hay que silenciar nuestra mente condicionada que intenta convencernos de que somos los amos absolutos de la verdad, una mente que nos da los razonamientos y pensamientos para autoconvencernos e intentar convencer de que nuestro punto de vista  es la verdadera y única realidad.

Volviendo a la sandalia de Casio, podemos ver como las apariencias nos engañan, nos confunden, lo que aparentemente podría parecer cómodo y perfecto, en realidad no lo era.

Dejar de fijarnos en las apariencias para ver más allá de ellas es a lo que os invito. Dejemos de juzgar e interpretar, hagamos el ejercicio de desarrollar más la mirada compasiva y empática para poder adquirir el cambio deseado tanto fuera como dentro de nosotros.

Feliz otoño

MARIA JOSE NAVARRO DELGADO

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