Mujer y Hombre Conscientes, todos los días son nuestros días.

Mujer y Hombre Conscientes, todos los días son nuestros días.

Si quieres cambiar al mundo, cámbiate a ti mismo.

En un día tan reivindicativo como es hoy el Día de la mujer trabajadora, quería compartir una reflexión, sobre las reivindicaciones, y la energía que ponemos en ellas para alcanzar los objetivos deseados.

En estos tiempos donde se habla mucho de las diferencias entre lo femenino y lo masculino, yo voy a plantear este post desde lo que nos une y no desde lo que nos separa.

En mi opinión, cuando nos centramos en las diferencias, en los polos opuestos, estamos creando mayor distanciamiento, mayor alejamiento entre las partes. No cabe duda de que tenemos que tender a la igualdad, a la equiparación sin distinción de sexos, pero para ello debemos re-educarnos y ser conscientes tanto los hombres como las mujeres, en lo que estamos haciendo personalmente e individualmente para provocar tal distanciamiento.

Ganamos justicia más rápidamente si hacemos justicia a la parte contraria.

Solamente siendo conscientes podremos reconducir nuestros actos diarios a esa igualdad tan deseada, a ese respeto por el sexo opuesto, sea del sexo que sea, un respeto mutuo por lo que en sí significa el “otro”, más allá de su sexo, aspecto físico o ideología.

El respeto, la aceptación, la compasión, son valores necesarios que debemos desarrollar y entrenar en nuestro día a día para ir eliminando, pasito a pasito esas diferencias que en realidad, si nos detenemos, no son tales en esencia y sin en apariencias, y son estas las apariencias las que nos distancian y provocan la queja, el resentimiento, el dolor, el odio, el aumento y peso sobre lo negativo más que sobre lo positivo.

No hay nada más improductivo que la “queja”. Si no se actúa y nos responsabilizamos, la queja no fructífera, se queda en algo anecdótico, en victimismo, dolor por el contrario y en el  compadecimiento.

Lo que sí es productivo es la acción, el movimiento silencioso en muchas ocasiones, con la conciencia puesta en los actos hacia lo deseado. En la aceptación y reconocimiento en lo que hay que nos lleva a realizar un movimiento consciente hacia la modificación de lo que nos hace sufrir, alejándonos así de un queja improductiva o de una resignación por las creencias limitantes de que las “cosas son así” o porque “esto es lo que me ha tocado” o bien “yo no puedo hacer nada”, pues en realidad detrás de estas afirmaciones lo que existe es un miedo a salir de nuestra “zona de confort” que nos paraliza y nos hace conformarnos y no hacer nada. Es más fácil responsabilizar a los demás que responsabilizarse uno mismo.

La lucha, la resistencia, provoca más lucha y más resistencias, «haz el amor, no la guerra», hermosa frase para aplicárnosla y reconstruírnosla en nuestra vida cotidiana.

Solo el Amor, nos sana, nos cura, nos une, y la unión de lo femenino y lo masculino es lo que nos da la vida, en definitiva  se puede decir que Somos Amor.

La mujer no es sola la que posee la energía femenina, el hombre también es poseedor de esta energía y, viceversa, las mujeres también somos poseedoras de la energía masculina.

Sin el hombre tampoco hay vida. Sí, las mujeres parimos, pero sin un espermatozoide, ello no sería posible. Somos el 50 % de papá y el 50 % de mamá, por lo que tenemos un 50 % de energía femenina y un 50 % de energía masculina, nos guste o no.

Si bien la mujer es una réplica biológica de la Madre Tierra, al tener dones como el de nutrir y gestar, el hombre que tiene y/o fortalece su energía femenina es realmente esencial. El hombre, lo masculino, permite hacer cosas, construir, pasar a la acción.

Cada vez son más los hombres que desarrollan su parte femenina, cualidades como la paciencia, la tolerancia, la empatía, la capacidad de escucha, así como cada vez son más el número de mujeres que desarrollamos la energía masculina, voluntad, fortaleza, movimiento en acción, es una energía que cuando es canalizada correctamente permite el inicio de nuevos retos, el poder de cambiar y trascender pensamientos y acciones.

Necesitamos de ambas energías, en la naturaleza es similar por el principio de dualidad. No somos iguales, sino complementarios. Cuando lo femenino es receptivo, las energías masculinas se sientes seguras, activas y expresivas y viceversa. Por lo tanto de la receptividad, empatía y compasión vendrá el equilibrio y el buen hacer.

Es tiempo de dejar atrás los matriarcados y los patriarcados, para generar una sociedad de seres humanos, seres conscientes, iguales en derechos y obligaciones, equilibrados y sanos emocionalmente, conviviendo como iguales en armonía.

Y para ello es necesario hombres y mujeres conscientes, donde lo masculino tenga conexión con su propia energía femenina y aprenda a cómo manejarla y la mujer tenga conexión con su parte y energía masculina y también aprenda a manejarla y gestionarla. Para ello sería bueno que comprendiéramos:

• La diferencia entre energía femenina y feminidad, entre energía masculina y lo masculino, sin sentirnos amenazados.
• Que nos reconozcamos como un o una igual a nuestro compañero o nuestra compañera y dejemos amorosamente que muestren su brillo, aunque algunas veces brillen más que nosotros.
• Que mostremos respeto al resto de hombres y mujeres con las que compartimos nuestras vidas (padres, hermanos, amigos, madre, hermanas, amigas, esposos y esposas), esto incluye la sinceridad, la lealtad y la fidelidad, la transparencia, dejar de generar conflicto y confusión hacia las mujeres o hacia los hombres.
• Sentirnos orgullosos y orgullosas de la sensibilidad y la creatividad y además complementarla con nuestra compañera o compañero.
• Tener una forma amorosa y coherente de comportamiento con el hombre y con la mujer.
• Comprender el sexo como un acto sagrado y de amor absoluto…

Para que esto llegue a suceder, esta tarea es de todos y, desde mi entender, de todos Hombres y Mujeres el que podamos lograrlo; pues deberíamos aprender a Amar para poder enseñar a amar y de esta manera podremos respetar y respetar la Tierra.

Es por esto de suma importancia que las mujeres nos sanemos a nosotras mismas, sanemos la herida que tenemos hacia los tiempos de abuso de los hombres y sanemos las memorias que acumulamos, pues de lo contrario seguiremos generando y despertando el dolor en los hombres, haciendo que ellos no puedan manifestar su energía femenina de forma equilibrada y consciente, sino con rebeldía y violencia.

Para que despierte el lado femenino que todos los hombres llevan, debemos sanar en nosotras las huellas de violencia y dolor que llevamos en nuestro vientre; así nuestros padres, hermanos, hijos y compañeros podrán convertirse en “ese guardián amoroso” que fue alguna vez.

El Hombre y la Mujer que sana, que deja atrás su necesidad de controlar por la fuerza, de superioridad y autoritarismo, que busca la autosatisfacción o bien el victimismo, el dolor o el rechazo, también sana por resonancia a su familia, a su compañera o compañero y a la humanidad entera, libera a sus generaciones.

Equilibra y Sana estas energías en ti, sánalas en tus relaciones y se sanaran en el planeta. Todo se trata de cooperación entre las energías.

Llevarlo a la práctica no es tarea fácil, requiere imaginación, flexibilidad, cambios de mentalidad, humildad, paciencia y valentía para poner en movimiento las actuaciones necesarias hacia el cambio deseado desde el respeto, el amor, la atención, la aceptación y la compasión. Se trata de caminar juntos y no por separado. Es por ello que “si queremos podemos”, solamente tenemos que ponernos en marcha, en el momento presente que es el único momento verdadero y único que tenemos, para avanzar y crear algo nuevo.

Con Amor.

María José Navarro Delgado

También podeis seguirme a través de http://www.ahorayo.com

y en Facebook @mariajoseahorayo (mindfulness y sistémica)

 

Prev Inaugurada en Ciudad Real la jornada ‘Educar en Valores e Igualdad, juntos Escuela y Familia’
Next La Teatrería hace reflexionar al público infanteño con su versión del mito de Antígona

0 comentarios

Aún no hay comentarios

Puedes ser el primero en comenta esta noticia!

Comenta