Agradecimiento de Joaquín Brotóns a la Asociación de Vecinos Zona Centro

Agradecimiento de Joaquín Brotóns a la Asociación de Vecinos Zona Centro

www.joaquinbrotons.com

Hacia el día 22 o 23 del pasado mes de mayo, mi paisana y amiga Toñi Álvarez Pascual, miembro de la muy activa “Asociación de Vecinos Zona Centro Nuestra Señora de Consolación”, me entregó en mano, en el Bar “Penalti”, una carta, que firmaba la popular Francisca López Yébenes, presidenta de la citada Asociación local, en la que me escribía: “Estimado Joaquín: Queremos comunicarte que, desde la Junta Directiva de la Asociación, hemos considerado por unanimidad proponerte para un público reconocimiento, en el desarrollo de las próximas Fiestas de Barrio a celebrar por nuestra Asociación de Vecinos, el día 9 de junio a las 21,30 h. en la Plaza de España, tratando de agradecerte, tantos años dedicados a la poesía y la narración, y de la que eres un magnífico representante, siempre con gran generosidad y sentimiento, por lo que te consideramos un ejemplo a seguir en nuestra Ciudad. Un cariñoso saludo”.

He de confesar, que me extrañó y me emocionó mucho, ya que, este tipo de homenajes, suelen hacerlos a vecinos de la zona centro, pero yo hace ya años que me trasladé a la calle Buen Suceso, esquina con Cruces. Pero si es cierto, que toda mi vida se ha desarrollado en dicha zona centro, ya que,  nací el 16 de febrero de 1952, en Valdepeñas,  en la céntrica y conocida calle Real, en el número 6 (Actual 14), en una casa que estaba junto a la confitería “El Triunfo”. Actualmente, en la planta baja de mi citada casa natal, se encuentra el comercio de ropa de confección: “Alessandro Sacco”.

Dicho edificio, constaba de dos alturas. En la planta alta vivíamos mi familia, compuesta por mis padres: Francisco y María, junto a mis hermanas  Isabel y María Jesús. Y en la baja, había un despacho de aceite a granel de la emblemática empresa valdepeñera “Carmelo Madrid, S.A.”, que regentaba el bueno de Emilio Ibáñez, excelente músico y mejor persona, como toda la familia Ibáñez.

En ese domicilio vivimos hasta el año 1967, en que mi padre compró una casa en la calle Buen Suceso, número 1, donde yo conviví con mi querida madre hasta el año 2001, en que me la lleve conmigo a un piso que adquirí en la misma calle, pero mucho más arriba, que ya corresponde al barrio del célebre “Cachiporro”, aquel personaje local,  que fue muy rico y cuando se arruinó,  le decía a los amigos…: “Caridad en las lenguas, paisanos”, ya que,  sabía bien, que lo que tardara en marcharse de la reunión,  los mismos que antes lo ensalzaban y le daban palmaditas en la espalda, ahora lo despellejarían vivo, costumbre muy arraigada en los pueblos y ciudades pequeñas, pero especialmente en la nuestra, hasta el extremo de que hay un dicho popular muy antiguo, que dice: “Dios nos libre de la lengua de un valdepeñero descansao”, refiriéndose a algunos de los antiguos señores ricachones de la Ciudad del Vino, que pasaban el día en los casinos: “La Concordia”, “La Confianza”, “La Unión Republicana”, “El Liberal” “La Amistad”, entre otros, en los que se dedicaban a crucificar a cualquiera que se saliera del rebaño… Actualmente, las nuevas generaciones, ya son diferentes y no se preocupan tanto de la vida que lleva el vecino o la vecina, aunque sigue habiendo leguas viperinas que escupen veneno…

Entre 1956 y 1966, fui alumno de tres colegios distintos, pero todos ellos situados en la zona centro: El primero fue el de “Nuestra Señora de los Dolores”, conocido como el “Colegio de las Salesianas”, sito en la calle Real, en donde sigue estando y en el que creo recordar, que solo asistí un curso, que fue el primer año que impartieron clases las monjas, ya que se acababa de inaugurar el colegio. Después, me trasladaron al “Colegio Sagrado Corazón”, ubicado en la calle Virgen, frente a la plazoleta del Convento y al “Colegio de los Trinitarios”, donde estuve bastantes años, siendo su director y maestro don Manuel Crespo. Posteriormente,  me matricularon en el “Colegio San Luis Gonzaga”, que dirigía don Ramón Fernández, centro de enseñanza, en el que había varios profesores  que daban diversas materias, desde estudios primarios y secundarios, hasta latín y mecanografía, entre otras;  colegio, que estaba enclavado en la calle Real, frente a la histórica y centenaria “Casa de los Vascos”, en un enorme caserón, que es donde actualmente está el recientemente cerrado Bar Los Alpes, junto a La Papelería-Librería Real, Moviestar  y la colchonería y tapicería Miramar.

En 1967, la empresa familiar “Matías Brotóns y Hermanos”, que bajo el nombre de “Matías Brotóns, Hermanos y Compañía”, fundó en 1944 mi abuelo Joaquín Brotóns Fenoll, junto a sus hijos: Matías, Joaquín y Francisco (mi padre), la convirtió la familia en sociedad anónima, cuya razón social era: “Matías Brotóns, S.A.”, compañía mercantil, que tenía dos negocios diferentes, que eran las bodegas: “Santa Pola” y “Santa Isabel”, dedicadas a la elaboración, embotellado y exportación de vinos blancos y tintos con el sabor afrutado, fresco y seco del genuino Valdepeñas de aquella época; bodegas, que creó mi abuelo Joaquín en los años 20 del pasado siglo al abrir la bodega “Santa Pola” y que cerraron sus puertas en 1992, tras 72 años dedicados a la elaboración y comercialización de vinos, en las que trabajamos  cuatro generaciones. El 27 de julio de 2004, el Pleno del Ayuntamiento de Valdepeñas, acordó rotular  una calle nueva con el nombre de “Bodegas Brotóns”.

El otro negocio familiar,  era la renombrada provincialmente,  como el “Almacén  de los Brotones”, situadas en la calle la Virgen número 1 y 3, que comercializaba al por mayor productos hortofrutícolas, pescados frescos, conservas y salazones, entre otras muchas mercancías, como: arroz, garbanzos, judías blancas, lentejas, quesos manchegos, pimentón, bacalao salado, cajas de galletas, tabletas chocolate, botes de 3 y 5 kilos de melocotón en almíbar y de tomate en conserva, harina de guijas, sal  marina, dulce de “carne membrillo”, en pastillas y en latas de 5 kilos, pastillas de jabón, papel de estraza, castañas, nueces, higos… que abastecían a  los comerciantes: fruteros, pescaderos, tenderos… de casi toda  la provincia de Ciudad Real, ya que, en aquellos años,  toda la venta al por mayor de productos alimenticios estaba en  Valdepeñas.

En un viejo talonario de matrices de facturas de los años 1954-55, he comprobado que había clientes de las siguientes poblaciones: Santa Cruz de Mudela, Villanueva de los Infantes, Huertezuelas, Membrilla, Puebla del Príncipe, Pozo de la Serna, San Lorenzo de Calatrava, Llanos del Caudillo, Villarta de San Juan, Almaden,  Ruidera,  Montiel, Villanueva de la Fuente,  Castellar de Santiago, Torre de Juan Abad, Moral de Calatrava, La Solana, Cózar, Alcubillas, Torrenueva, Villahermosa, Granátula de Calatrava, Calzada de Calatrava, Manzanares, Almuradiel,  Aldea del Rey, Villamarique, Argamasilla de Alba, Argamasilla de Calatrava,  Viso  del Marqués, Tomelloso, Alhambra, Puertollano, Bolaños, Almagro, San Carlos del Valle, Almedina,  Venta de Cárdenas, entre otras, incluida Valdepeñas, claro, dado que eran asiduos compradores casi todos vendedores del Mercado Municipal y de las tiendas de barrio, que entonces abundaban, ya que no existían las grandes superficies de alimentación, que son las que casi han acabado con la mayoría  de los Mercados tradicionales y con esas clásicas y típicas tiendas de comestibles, en las que podías adquirir casi todo y la hora que fuera, ya que, la mayoría de los tenderos residían en la misma casa donde estaba el pequeño comercio de ultramarinos, tema que conoce bien el Alcalde de Valdepeñas, mi viejo amigo, Jesús Martín, ya que su padre, Cesáreo Martín, tenía una tienda y era cliente del almacén de mi familia.

También venían a comprar algunos de los antes citados géneros, incluso de pueblos de Jaén, como lo demuestra la matriz que conservo de la factura número 20.381, expedida el día 20 de noviembre de 1954 a nombre de Antonio Delgado García, residente en Linares (Jaén), cuya mercancía adquirida fueron: 41 sacos de higos secos con un peso total de 2.548 kilos, que al  precio de 3,25 pesetas kilo, sumaban un importe de 8.281 pesetas, pagaderas en letras de cambio giradas a 30-60 y 90 días, ya que, dicha cantidad, era considerable en los primeros años 50 del pasado siglo, donde media España  seguía pasando hambre,  ya que, las famosas “Cartillas de Racionamiento”, que dada la escasez de la mayoría de los productos alimenticios de la terrible posguerra española, limitaban los productos básicos que los españoles podían adquirir.

Dichas “Cartillas”, que fueron creadas en 1939 por el Régimen del dictador Francisco Franco y estuvieron vigentes hasta 1952, que es cuando en España se pudo empezar a encontrar en los comercios y comprar libremente más alimentos y artículos de primera necesidad,  gracias a la ayuda Internacional y especialmente de Estados Unidos, pero a cambio de instalar sus bases militares en el país. También influyó mucho, que fue uno de los mejores momentos de producción del campo español.

En las oficinas de las citadas empresas familiares, que estaban instaladas en la calle Virgen número 3, empecé a trabajar, junto a mi tío Joaquín y mis primos Isabel y Matías, cuando ya estaba cercano a cumplir los 16 años,  con un “Contrato de Aprendizaje”  firmado el 16 de junio y ganando 1.050 pesetas mensuales; labor,  que hacía por las mañanas,  pero por  las tardes,   seguía con mis estudios comerciales y de administración con los  profesores particulares: Lorenzo Sánchez, José Cabezuelo, Demetrio Rodríguez Pantoja y Ramón Morales, que impartían clases en sus respectivos domicilios.

Años más tardes preparé oposiciones a Bancos, en la Academia Mizar, situada en la calle Balbuena, 29 y  cuyo director era Demetrio Rodríguez Pantoja, que era un alto cargo del Banco Hispano Americano, en la Oficina de Valdepeñas y Perito Mercantil, excelente profesor que impartía, entre otras, las siguientes asignaturas: Contabilidad General, Cálculo Mercantil, Organización y Contabilidad  Bancarias, Derecho Mercantil, Geografía, Historia de España…, entre cuyos compañeros de aula recuerdo a Pepe Madrid y a Pepe Nova, entre otros, que aún siguen siendo buenos amigos.

Tiempo después, aconsejado por mi antecesor, hice un curso de Formación Empresarial a Distancia, en las que estudié disciplinas tan áridas para mí como: Legislación Mercantil y Legislación Fiscal, Las relaciones Humanas en la Empresa, Comercio Exterior, La contabilidad como Instrumento de Gestión, Gestión Comercial: Marketing y Aprovisionamiento, La Empresa y el Empresario, Inversiones y Financiación, Localización y tamaño de la Empresa,  entre otras del mismo estilo, que me agobiaban y no me gustaban, pero aún a pesar de la dificultad que me ocasionó, conseguí aprobar el curso y me enviaron el correspondiente título acreditativo.

Tras 23 años trabajando en la empresa familiar, en 1990 cerramos el negocio de la venta al  por mayor de frutas, verduras y coloniales. En 1992, comencé a trabajar en el Ayuntamiento de Valdepeñas, como encargado de Archivo y Documentación, pero,  especialmente,  en el departamento de Prensa,  donde coordinaba la edición del boletín Municipal “Valdepeñas Informativo”, entre otras muchas actividades. Después, cuando se terminó el contrato, estuve unos 6 o 7 meses en paro, pasando,  posteriormente, tras la correspondiente oposición, a la sección de Cultura, en la que trabajé en el “Museo de los Molinos” y en la “Casa de la Cultura”, hasta el año 1999, que se reabrió el Museo Municipal, donde fui destinado.

En 1995 me matriculé en el Curso de Acceso a la Universidad, en la Universidad Nacional de Educación a Distancia, en su sede “Lorenzo Luzuriaga, de Valdepeñas,  donde,  después de aprobar dicho curso,  estudié por libre algunas asignaturas de primero de  Derecho, pero me aburría y terminé abandonando. Además, el motivo de  hacer el citado curso de Acceso a la Universidad, fue porque para poderme presentar a la oposición de Guía del Museo Municipal, necesitaba el Bachiller Superior o su equivalente, que era tener aprobado el  citado Curso de Acceso a la Universidad.

Después de superar dicha oposición y ejercer durante bastantes años,  me he  jubilado el 16 de febrero del presente año,  como guía del Museo Municipal de Valdepeñas,  instalado en una casa solariega del siglo XVI, en la calle Real, 48, que contiene una de las mejores colecciones de Arte Contemporáneo de Castilla-La Mancha y las piezas encontradas en el Yacimiento Ibérico del Cerro de las Cabezas, que fue poblado del siglo VI al III a.C. Así que,  como han podido leer, efectivamente,  siempre he estado en la zona centro, donde se ha desenvuelto mi vida laboral y existencial.

No me resisto a contar una historia familiar muy original y curiosa, dado que, una tía materna mía, ya tristemente desaparecida, me dijo una mañana: “Me he enterado que te has comprado un piso nuevo, espero que me lleves a verlo”. Pocos días después, fui con mi coche a recogerla a su casa y la llevé a mi nueva vivienda, donde tras recorrerla detenidamente,  habitación por habitación, me espetó: “Me gusta mucho el piso, ya que tiene las habitaciones grandes y lo has decorado muy bien, pero está muy lejos del centro,  y los Brotones hemos tenido los negocios y vivido siempre en calles cercanas a la Plaza”.

Y efectivamente, así ha sido, dado que,  mi abuelo Joaquín, cuando se instaló en 1903 con mi abuela Isabel Gonzálvez Vives, en aquella próspera Ciudad del Vino, el primer negocio que inauguró,  fue una alpargatería, en el número 1 de la calle Cruz Verde, esquina con calle Real, comercio que heredaron y mantuvieron abierto hasta los primeros años 70 del pasado siglo, mis queridas tías maternas: Felisa e Isabel, que eran dos comerciantas innatas. También colaboró en dicho establecimiento, mi prima “Felibel” (hija de Isabel), que es sucesora de  las dotes artísticas de su madre, que era una pintora autodidacta muy interesente y una consumada artista del bordado, el encaje  y el ganchillo, entre otros primores,  ya que ganó varios premios de pintura y de sus finas labores, en concursos y exposiciones, que organizaba el Centro de Mayores de Valdepeñas, que tan diligentemente dirige la activa psicóloga, María Dolores Lucas García, cuyos muchos méritos y amor y entrega a la  “ Ciudad del Vino,  la han hecho acreedora, digna de que sea nombrada Hija Adoptiva de Valdepeñas, en las próximas Fiestas del Vino, declaradas de Interés Turístico Nacional.

Además, la casa de mis abuelos paternos: Joaquín e Isabel, estaba en la calle Balbuena número 5, donde nacieron sus hijos e hijas, menos mi tío Matías, que vino al mundo en la calle Cárcel Vieja, número 10.

Como pueden observar, queridos lectores,  mí tía materna,  tenía toda la razón, ya que,  mi tío Matías, vivía en la calle Virgen, 3; mi tío Joaquín y mía tía Felisa,  en el número 51 de la misma calle; mí tía Isabel, que fue mi madrina de bautismo, también habitaba en la calle Virgen y después se trasladó a la avenida Primero de Julio, casi esquina con la calle Virgen; y mis padres, mis hermanas y yo residíamos  en la calle Buen Suceso, número 1.

En fin, que es cierto, que “Los Brotones”, siempre hemos vividos cerca de la Plaza, en la zona centro, excepto mi tía Asunción, que era mujer extremadamente buena y vivía al principio de la calle Cuberos,  donde tenía una granja de pollos  y gallinas, que vendía, junto a la producción de huevos; granja a la que fui muchas veces a comprarle pollos, que me encargaba mi padre o mi madre, cuando las aves no se comercializaban peladas como actualmente, sino que se compraban vivas y había que matarlas y quitarles las plumas, trabajo, que recuerdo ver a mi madre y a “La Manuela”-muchacha que ayudaba en las labores de la casa-  echando agua caliente en un barreño de chapa, en el que se desplumaba al pollo.

Gracias, muchas gracias a la Asociación de Vecinos Zona Centro, por el cálido detalle que han tenido conmigo, en el reconocimiento a mi  trayectoria literaria, que la constituyen: 18 libros publicados, entre  poesía y narrativa, que han sido elogiados por importantes escritores, poetas y críticos, como José Hierro (Premio Cervantes), Pablo García Baena (Premio Príncipe de Asturias), Luis García Montero (Premio Nacional de Literatura), Leopoldo de Luis (Premio Nacional de las Letras Españolas), Francisco Nieva (Académico de la Lengua Española), Carlos Murciano (Premio Nacional de Literatura), Vicente Núñez y Luis Antonio de Villena (Premios de la Crítica, entre otros, como pueden ver en mi página de Internet www.joaquinbrotons.com.

Además de los más de quinientos reportajes y artículos que he escrito y sigo escribiendo y publicando, en los que alabo a Valdepeñas, su historia, sus vinos, sus bodegas, su cultura, sus excelentes museos…, en periódicos nacionales, provinciales y locales, en sus ediciones de papel y digitales, como Diario 16, Lanza, La Tribuna de C. Real, El Día de C. Real, Canfali, Jaraíz, elecodevaldepenas.es, advaldepenas.com, jaraiz.net, lanzadigital.com y  valderec.es,  entre otros medios, lo que me hizo merecedor, según la propuesta de la Comisión de Honores y Distinciones del Consistorio valdepeñero, de que el Pleno del Ayuntamiento de mi ciudad natal,  me concediera,  en el año 2014, la Medalla de las Letras “Juan Alcaide”, galardón honorífico, sin dotación económica, que me hizo mucha ilusión y me emocionó hasta las lágrimas, ya que no lo esperaba.

Mil millones de gracias  de todo corazón, pero creo, sinceramente, que hay paisanos y vecinos que lo merecen más que yo, dado que, lo único que hecho, es amar a corazón abierto a mi ciudad natal y sentirme inmensamente orgulloso de mi ciudad-isla, mi ínsula báquica, mi Alejandría de La Mancha: Valdepeñas, mundialmente famosa por sus vinos y cuna de grandes hombres y mujeres ilustres, como Bernardo de Balbuena, Ana de Castro, Gregorio Prieto, Lorenzo Luzuriaga, Juan Alcaide, Francisco Nieva, Ignacio Morales Nieva, Tomás de Antequera, Sagrario Torres, Ignacio Crespo Foix, Oscar Benedí, entre otros muchos. Lo dicho: Gracias a la valdepeñera Asociación de Vecinos Zona Centro.

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