‘Algo más que irresponsabilidad: si cae el estado de alarma también cae el escudo social’

‘Algo más que irresponsabilidad: si cae el estado de alarma también cae el escudo social’

Como siempre, hay que preguntarse quién sale ganando y quién sale perdiendo.

Ante el trascendental debate de este miércoles en el Congreso, sobre la prórroga del estado de alarma que propone el Gobierno, el compañero Ángel de la Cruz nos ofrece una acertada reflexión. 

Mañana miércoles tendrá lugar la votación más importante en el Congreso desde el inicio de la crisis del COVID-19. Como no puede ser de otra manera, la expectación es máxima: hay mucho en juego. La decisión –al menos en estos momentos– del PP de sumarse al voto en contra de Vox y la negativa de ERC abren la posibilidad de que finalmente no se prorrogue el estado de alarma. Que sea una posibilidad real ya dice mucho de la situación política que atraviesa nuestro país. La oposición, unida en una sorprendente pinza que va de la extrema derecha al independentismo catalán, ha decidido que es más importante combatir al Gobierno que al virus, aunque eso suponga poner en riesgo la vida de nuestros compatriotas en general y de nuestros sanitarios en particular.

El PP y Vox han hecho cuentas y creen que para que les vaya bien a ellos le tiene que ir mal a España, esa que tanto quieren de boquilla. Es fácil de entender: creen que si hay un rebrote de infectados y muertes la presión aumentará sobre el Gobierno, reinará el caos y podrán erigirse –por fin– como los salvadores de la patria. Hay amores que matan

No hace falta tirar de hemeroteca para poner en evidencia la incoherencia del discurso del PP y de Vox. Sencillamente hace dos días decían una cosa y ahora dicen la contraria. El nivel hasta ahora inédito de oportunismo obedece a la estrategia del “cuanto peor, mejor”, que tan bien conoce, por cierto, el independentismo. Y es que el PP y Vox han hecho cuentas y creen que para que les vaya bien a ellos le tiene que ir mal a España, esa que tanto quieren de boquilla. Es fácil de entender: creen que si hay un rebrote de infectados y muertes la presión aumentará sobre el Gobierno, reinará el caos y podrán erigirse –por fin– como los salvadores de la patria. Hay amores que matan.

Hace siete semanas el porcentaje de propagación del virus era del 25%, hoy es del 0,16%. Mientras siga muriendo una sola persona la situación será delicada, pero la tendencia y los datos son positivos. Estos son el resultado del sacrificio de la ciudadanía y de los trabajadores que nos cuidan y nos protegen. A la oposición no se le puede pedir lealtad al Gobierno, pero sí al pueblo español, a los sanitarios y al país. De Vox nadie espera nada porque son un partido muy previsible –digámoslo así-, pero el PP haría bien en volver a la senda constitucional y a la responsabilidad de Estado si no quiere convertirse en la ropa de los domingos de Vox. El debate, la crítica y el conflicto son inherentes a la democracia, el problema es que cuando no se tienen propuestas únicamente queda ir a la contra. No lo sé, pero es probable que más allá de afinidades ideológicas la ciudadanía conservadora prefiera ver a sus políticos proponiendo soluciones y pensando en el bien común del país, no poniendo zancadillas y pensando en sus intereses partidistas. No lo sé.

A pesar de todo, sería un error pensar que detrás de una posición objetivamente irresponsable solo hay intereses partidistas. Como siempre, hay que preguntarse quién pierde y quién gana con cada decisión política, en este caso el fin del estado de alarma. La respuesta es muy sencilla: pierden casi cuatro millones de españoles que se están beneficiando del escudo social para salir adelante en estos momentos tan duros y ganan los bancos, las grandes empresas y la CEOE. Los de siempre, vaya. Con el fin del estado de alarma no solo se acabaría el confinamiento, también se acabaría la prohibición de despidos, las ayudas a las empresas para realizar ERTE, las prestaciones por desempleo por causa de estos ERTE o las ayudas económicas que están recibiendo más de un millón de autónomos por primera vez en la historia.

Parece que están dispuestos a poner en riesgo nuestra salud y la de los sanitarios que tanto aplaudimos, parece que están dispuestos a impedir que millones de familias puedan llegar a fin de mes y parece que están dispuestos a sumir al país en el caos si hiciera falta. En política no puede valer todo. Si vale todo no es política, es otra cosa

En la crisis de 2008 una minoría privilegiada no solo no pagó su parte, sino que se hizo más rica a costa del empobrecimiento de las familias trabajadoras. Seguramente insuficientes y mejorables, pero ahora se están dando pasos en la dirección correcta para que nadie se quede por el camino. Esa es la batalla de fondo que se esconde tras el debate sobre la prórroga del estado de alarma. Parece que están dispuestos a poner en riesgo nuestra salud y la de los sanitarios que tanto aplaudimos, parece que están dispuestos a impedir que millones de familias puedan llegar a fin de mes y parece que están dispuestos a sumir al país en el caos si hiciera falta. En política no puede valer todo. Si vale todo no es política, es otra cosa.

Mientras tanto, no cabe otra cosa que el llamamiento a la responsabilidad, a la serenidad y a la unidad a todas aquellas personas comprometidas con la defensa del bien común más allá de sus sensibilidades ideológicas.

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