¿Qué es lo que induce a la gente a querer cambiar?

· ¿Qué es lo que nos induce a querer cambiar?
¿Qué es lo que induce a la gente a querer cambiar?

Todo el mundo piensa en cambiar el mundo, pero nadie piensa en cambiarse a sí mismo.

Leo Tolstoy

¿Qué es lo que induce a la gente a querer cambiar?

Thomas A. Harris, nos dice que son tres motivos los  que pueden inducir a la gente a querer cambiar:

  1. Una de ella es que estén hartos de sufrir. Se han dado cabezazos, una y otra vez, contra la misma pared, y deciden que ya tienen bastante. Llevan tanto tiempo introduciendo monedas en la misma máquina tragaperras sin obtener ningún premio que finalmente deciden dejar de jugar o cambiar de máquina. Sufren de jaquecas, tienen ulceras sangrantes, son alcohólicos…Han tocado fondo. Piden un alivio. Quieren cambiar.
  2. Otra razón que induce a la gente a desea un cambio es esa lenta desesperación que llamamos fastidio o aburrimiento. Es lo que siente la persona que va por el mundo diciendo: “bueno ¿y qué?”, hasta que, por fin, formula el gran “¿y qué?” último. Esa persona está preparada para dar un giro a su vida.
  3. Una tercera causa del deseo de cambiar, en una persona, en el descubrimiento súbito de que puede hacerlo. Muchos individuos que no habían mostrado un especial deseo de cambiar han entrado en contacto con  personas, ideas, conferencias, cursos, …,  que le han abierto un mundo de nuevas posibilidades, que les han inducido a averiguar más cosas y les ha infundido un deseo creciente de cambio.

No podemos olvidar que también existe un perfil de individuos que aunque sufren no desean transformación. Una actitud negativa que les paraliza, que depositan el poder en terceras personas para no responsabilizarse, para mantenerse en “estoy mal” o “todo está mal”, para alimentarse de la queja, un papel victimista  y pasivo, un papel de “estado niño” que exige a los demás hagan de su papá o mamá.

Declarar que tenemos problemas no es realmente de gran ayuda sino actuamos; quedarnos en la queja no ayuda, no cambia. Resulta más acertado afirma que la mayor parte de nuestra energía, día tras día, se emplea en la toma de decisiones y podemos observar que como tenemos miedo a tomar una decisión errónea, a equivocarnos, elegimos no hacer, quedarnos quieto, preferimos que sean los demás los que nos digan lo que tenemos que hacer para culpabilizarlos a ellos y no asumir nuestra propia responsabilidad, asumir nuestros actos como parte del aprendizaje de nuestra vida nos duele y nos conecta con nuestras heridas emocionales. Exclamar que “todo está mal, que estoy mal, que la vida es un fracaso, que la vida es injusta, que no valgo, que esto no vale,…”, es la propia incapacidad a decidir, de dar el paso hacia el cambio. Es el miedo quien está detrás y nos impide avanzar: miedo a perder lo que tengo, miedo a lo nuevo, miedo a lo desconocido, miedo al miedo.

Se puede observar que aparecen dos dificultades principales a la hora de tomar decisiones: la primera es “siempre tomo la decisión errónea” que es la expresión de la persona cuyas decisiones y las actividades que proceden de ellas, le producen malos resultados y la segunda, “no dejo de pensar en lo mismo una y otra vez” que es la expresión del individuo cuyo mente se encuentra atestado de asuntos inacabados y decisiones pendientes. Manifestación de mantenernos enganchados en el pasado o en el futuro.

Las cosas no cambian cambiamos nosotros. Henry David Thoreau

Por ello los  pasos hacia la solución de estas dos dificultades es:

  • Reconocer que hay que ordenar nuestro mundo interior, reconocer nuestros miedos, soltar viejos patrones y creencias para posicionarnos en el Adulto que hay en cada uno de nosotros, conectar con la fuerza del presente, del aquí y el ahora, y soltar los condicionamientos del pasado y la incertidumbre del futuro. El Adulto actúa, se responsabiliza, evalúa, reconduce y continua intentándolo.
  • Entrenarnos y reeducarnos para darnos cuenta de lo que hay, aprendiendo de todo lo que llega a nuestra vida, tanto de lo agradable como lo desagradable de ella, agradeciéndolo todo y soltándolo  para avanzar, para crecer, para liberarnos de lo que no nos vale,  haciendo camino consciente para poder abrir nuevos espacios, nuevas oportunidades, nuevas experiencias, que nos enriquecerán y darán la capacidad de relativizar y ser menos absolutistas.

Por lo tanto, el poder del cambio está en cada uno de nosotros,  si realmente deseamos cambiar, aportando nuestro granito de arena hacia aquello que deseamos alcanzar. Pasito a pasito, equivocación tras equivocación.

Un libro que me ayudó mucho a comprenderme y a profundizar en ello es “Yo estoy bien Tú estás bien” de Dr. Thomas A. Harris, Editorial Sirio, una lectura amena y cercana donde el  autor nos presenta con un lenguaje sencillo, consejos prácticos sobre cómo cambiar los comportamientos nocivos.

Todos podemos tener una vida mucho más feliz y efectiva al tiempo que podemos llegar a entender mucho mejor a nuestros amigos y familiares.

                                     María José Navarro Delgado

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